Por Flabia Rosario
Perdieron sus alas, pero no su coraje”, reza una frase del libro de Julia Álvarez que se refiere a las hermanas Mirabal, que perdieron la vida a manos de esbirros crueles de la tiranía trujillista.
Fue la gota que rebosó la copa en la época de la dictadura, el dar muerte a las tres “mariposas” y su chofer, Rufino de la Cruz, detenidas en el puente Mara Picá, de Puerto Plata, cuando venían de ver a sus esposos encarcelados Manolo Tavares, Leandro Guzmán y Pedro González.
Oriundas de Conuco, Salcedo, las muchachas fueron llevadas sin vida a su madre Mercedes Reyes Camilo (doña Chea) y a su hermana Dedé (hermana fallecida). Esto debió ser un trago amargo para esa familia.
Minerva fue un ser especial por sus principios, valores y por cómo pensaba de la libertad para la época. Aunque le costó la vida, es admirable cómo se interesó por los libros; y el nacimiento de su patriotismo, desde cuando estaba internada en el Colegio Inmaculada Concepción, de La Vega.
Una de las historias más inhumanas, extensas, de una tiranía que concluyó después de treinta años. Una de las muchas consecuencias deesta historia de terror que vivió el pueblo dominicano fue las tantas madres que quedaron viudas e hijos huérfanos.
Los años han pasado y tenemos una historiade tortura, de odio, deego, de una dictadura feroz, donde al tirano lo único que le faltó fue que le colocaran la banda de Dios Todopoderoso. Es decir, no ha sido fácil la lucha, primero de Duarte, Sánchez y Mella, y luego de Imbert Barreras, Tomás Báez Díaz, Pedro Livio Cedeño y otros, entre ellos todos los jóvenes del 14 de Junio.

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