Se me fue un pedazo de mí. Quizás uno de los más grandes.
La imaginé eterna. Siempre para hacerme reír, para escuchar sus llamadas del día.
Abuela fue más que eso. Mi amor por ella estaba por encima de las etiquetas algo más profundo, inmensurable.
Me dio tanto, que devolverle ese amor se convirtió en mi propósito de vida.
Firme y dulce a la vez. Profesora de etiqueta y protocolo, amante de la elegancia. Tan femenina…
Pianista y acordeonista la música vive en mí por ella. Siempre decía que no podía vivir sin música. Hoy veo los videos donde bailaba mis canciones y sé que las hice también para regalarle esa alegría.
Tan independiente que se iba sola al hospital y nos enterábamos después. Sus paseos por Ágora, su salón dos veces por semana, manejando y maquillándose al mismo tiempo, un peligro al volante.
Hoy me aferro a su pintalabios, sus collares, sus fotos, sus agendas. Cualquier cosa que me la acerque.
No me imagino la vida sin ella. Desde hoy, “su debilidad” anda incompleta.
Me dijo que si no me comportaba, “me jalaría los pies” desde donde estuviera.
Entre llanto y risas la celebro. Lo valiente y decidida que fue. No dejó que traiciones, dolor ni incertidumbre le quitaran la alegría. Algún día contaré de qué estaba hecha la GRAN FANTI.
Mi chica, mi personaje favorito en este mundo, mi Fanti, hoy vuela altísimo, descansando como ella quería. Suena Juan Gabriel, nos ponemos elegantes y la celebramos desde aquí.
Bueli Te amaré por siempre, como tú decías: “Hasta mis últimos santos días”.
LABARCAINFORMATIVA.ORG
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