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martes, 26 de julio de 2016

Emilio Mena, in memoriam

 
 
 
 
 
 
Para que la historia pueda ser transmitida, recordada y aquilatada con fidelidad, se requiere que quienes han sido protagonistas de algún evento, o los que lo han presenciado, plasmen en las letras y el arte, aquello que han vivido, para que las generaciones siguientes puedan valorar los hechos en su justa dimensión.

Desde niña, al entrar y salir de la ciudad con mis padres los fines de semana, veía el edificio del Hospital Robert Reid Cabral como un Palacio. Le tomé un cariño entrañable porque veía que los niños y niñas pobres eran atendidos y curados en ese hospital y hasta llegué a ser  su usuaria en una ocasión. Así nació mi vocación por la medicina,  y especialmente, por la pediatría.

Desde mozalbete apoyaba y cooperaba con este, el que siempre he considerado mi hospital; el que por décadas acumulaba déficits, necesidades y demandas crecientes, que sólo podían ser aplacadas gracias al extraordinario cuerpo médico que ha entregado su vida, alma y corazón en el ejercicio profesional en ese hospital.

En Septiembre del año 2004, ya como Primera Dama, visité el Hospital Infantil Dr. Robert Reid Cabral, motivada  por las constantes denuncias de médicos y ciudadanos, de que allí no había condiciones idóneas para cuidar de la salud de los niños y niñas de nuestro país. Y la situación era realmente deplorable, desde la cocina hasta los baños, unos  quirófanos infiltrados de aguas negras y alimañas por doquier, no  habían las más mínimas condiciones para que los ciudadanos recibieran un servicio de salud con dignidad. El panorama era inhumano.

Se requería emprender una tarea titánica para devolver al Hospital su esplendor, lo que demandaba de una cuantiosa inversión en su infraestructura, cambios de equipos obsoletos y un personal médico comprometido, motivado y dispuesto a enfrentar los grandes retos que traen consigo un proyecto de gran envergadura.

Quién asumió esa tarea, casi imposible, de conciliar los intereses de todos los prestadores de servicios de salud del Hospital, desde octubre de 2005, tiene nombre y apellido: Emilio Mena Castro, maestro de la medicina y de la pediatría dominicana, investigador, gerente, ser humano excepcional, hijo predilecto de la comunidad del Hospital Robert Reid Cabral y amigo abnegado de la niñez dominicana, fallecido a destiempo el pasado 22 de julio.

Bajo su égida, el Hospital Robert Reid Cabral retomó su lugar como la principal escuela de especialidad pediátrica en la República Dominicana y el centro que mejores atenciones provee a la niñez dominicana.

Entre el año 2005 y el 2012, el doctor Mena Castro dirigió dicho centro hospitalario, coordinando una profunda transformación no solo en su infraestructura, equipos y servicios, sino también en los protocolos de atención a usuarios y en la gerencia de la institución. Asumió con entereza la visión con la que enfrentamos el gran deterioro de una estructura construida en la década de los 50,  como un hotel para conmemorar la Feria de la Paz, en la Era de Trujillo, y que pasó luego a convertirse en un hospital infantil, dedicado a un galeno de prestigio y luchador anti-trujillista, el Dr. Robert Reid Cabral.

Con el apoyo del doctor Mena Castro, se remodeló cada piso de la estructura principal, se dejó instaurado el Primer Sistema Nacional de Alimentación y Nutrición Hospitalaria, una Unidad modelo de Cuidados Intensivos infantil y Neonatal, modernos laboratorios, el edificio de emergencias y Urgencias, nuevas áreas de cardiología, neumología y hemodiálisis, facilidades de alojamiento para los médicos residentes.  en fin, dotamos al Hospital de  toda la estructura y el equipamiento necesarios para ofrecer un servicio digno a la población, con el apoyo financiero del gobierno de Taiwán y empresarios amigos.

Gracias al buen tino, capacidad y sensibilidad del Dr. Bautista Rojas Gómez, Pediatra del Hospital de marras, y Ministro de Salud de entonces, el Dr. Emilio Mena Castro es designado Director del Hospital.

Fue una bendición el que fuera el Doctor  Mena Castro quien dirigió el Hospital Infantil Robert Reid Cabral, en el momento en que emprendimos  la más grande, completa y ambiciosa ampliación y remodelación de este hospital para que funcionara con calidad, humanidad y dignidad a favor de las poblaciones más pobres del país, donde construimos también la Primera y única Aula Hospitalaria que existe en el país y la Capilla del centro.

Su labor profesional le ha valido el reconocimiento de toda la comunidad científica y el amor entrañable de sus pacientes y familiares, que hoy lloran su partida a destiempo. Su liderazgo en la pediatría dominicana le llevó a dirigir la Sociedad Dominicana de Pediatría, órgano que apoyó desde todas las funciones que ejerció, especialmente, en la promoción de su integración internacional a órganos como la Asociación Latinoamericana de Pediatría, la International Pediatric Association y la Sociedad de Pediatría de las Naciones Latinas. Todos los gremios profesionales de la región, en el área de Pediatría y Nefrología, han expresado sus mayores condolencias ante su fallecimiento.

Sus aportes a la investigación científica llenan su hoja de vida de reconocimientos, lo que lo convierte en referencia obligatoria de quienes aspiran a conocer la pediatría dominicana.

Uno de sus más apreciados trabajos académicos fue la obra “Hospital Infantil Dr. Robert Reid Cabral: cuna de la pediatría dominicana”, reseña histórica del centro de salud al que sirvió con amor y dedicación durante décadas. Ambos plasmamos en esta obra los 57 años de vida y evolución de la institución líder en el campo de la pediatría dominicana.

Como dijo el doctor Mendoza Estrada en su presentación del referido libro, citando un proverbio chino, “el agradecimiento es la memoria del corazón”, y para el doctor Emilio Mena Castro hay mucho agradecimiento en los corazones de miles de niños y niñas dominicanos a quienes se les ha salvado la vida en el Hospital infantil Dr. Robert Reid Cabral. Paz eterna a sus restos.

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